Como estrellas fugaces aparecen en nuestra vida momentos sublimes que se cuelan entre los callejones del alma, los martes y los domingos. Son discretos e inesperados, entran sigilosamente.
Quise detener el tiempo para eternizar un espacio paradójicamente lleno de imperfecciones y carencias, pero al mismo tiempo sublime. Pensé guardarlo en un cofre y tirarlo al fondo del mar, o guardarlo entre las hojas de un libro de García Márquez, pero una ráfaga de sensatez me libero de los temores de perderlo y me decidí a vivirlo.
Quizá para cuando termine de escribir estas lineas se haya esfumado, pero no importa, su esencia permanecerá viva en la pagina de una vida: mi vida.
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