Hay una persona de quien estoy conciente de su existencia y me importa su bienestar. Es frágil y vulnerable como todos lo somos. Pero me impacta el hecho de que su vida se rige bajo un calendario que existe solo en su mente. Planea eventos o actividades en las que involucra a personas, pensando por ellas y anticipando su participación, como si fueran piezas de ajedrez. Se concentra en preparar todos los detalles con tanto esmero y con tanta anticipación que tengo la sensación de que deja escapar de sus manos momentos maravillosos que la vida le regala a diario. Es como ver una línea de tiempo en una cartulina para una tarea escolar. Nada existe hasta que llega la ansiada fecha. Irónicamente la realidad llega con experiencias que distan mucho de la escena impecable que idealizo en sus planes. Después viene la depresión y el enojo, y por supuesto un nuevo proyecto para volver a entretenerse. Finge que me oye cuando le digo lo que pienso, pero creo que su tic tac interno no le permite darse el lujo de tomarse un lapso de conciencia en el periodo destinado a llenar espacios. No estoy de acuerdo con sus decisiones pero la apoyo.
Un momento. ¿Esa persona soy yo? ¿o tu? No se. La conjugación es lo de menos.
Estoy escuchando la canción Aviéntame, de Café Tacuba.
“Amárrame y muérdeme
Llévate contigo mis heridas
Murmúrame y ládrame
Grita hasta que ya no escuche nada
Sólo ve cómo me quedo aquí esperando a que no estés
En espera de que vuelvas y tal vez vuelvas por mi
En espera de que vuelvas y tal vez vuelvas por mi”
Viene al caso en este preciso momento por que pienso que probablemente estoy en espera de que vuelvas y tal vez vuelvas por mi. Ese podría ser un proyecto en un calendario imaginario, como el de la persona que menciono anteriormente. ¡Que horror! Y mientras eso sucede, ¿que? Tengo que llenar espacios o aguantarme la respiración. No, no lo haré.
Así que cada mañana seguiré apagando los tres despertadores que tengo en mi buró, para dormirme esos cinco minutos “hiper deliciosos” que se convierten generalmente en casi una hora mas; seguiré pisando el césped húmedo y sintiendo como el aire despeina mi cabello; seguiré comiendo sushi con palillos intentado convertirme en experta; seguiré comprometida con mi trabajo en el que tengo la fortuna de comenzar desde cero cada día; seguiré chateando con mis cuates arreglando el mundo; seguiré escuchando la canción de Café Tacuba cantando con un cepillo como micrófono frente al espejo. Así que, si tal vez vuelves por mi, lo más probable es que no me encuentres. Pero te doy una pista. Sin mayor ciencia, simplemente, estaré escribiendo una página más de esta aventura llamada vida, pero nunca llenando espacios.
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